Fue un suspiro quemado en un pequeño tazón de cartón.
luna amnésica de noches,
Fue una paz sin remo ni equilibrio.
Cuántas musas declinadas
sintieron el soplo del alba,
esclavas de la brisa glacial
que les redibujaba los ojos,
y les grababa, una a una, las ramas de la vejez.
En esa hora, una boca se cierra y nace el llanto primero.
Viajeros, arropad la costura de vuestras palabras
hacia el nuevo despertar.

cuantas musas declinadas sintieron el soplo del alba
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