L'herbe rouge du pays

Le vent, tiède et endormi, poussait une brassée de feuilles contre la fenêtre. Wolf, fasciné, guettait le petit coin de jour démasqué périodiquement par le retour en arrière de la branche. Sans motif, il se secoua soudain, appuya ses mains sur le bord de son bureau et se leva. Au passage, il fit grincer la lame grinçante du parquet et ferma la porte silencieusement pour compenser. Il descendit l’escalier, se retrouva dehors et ses pieds prirent contact avec l’allée de briques, bordée d’orties bifides, qui menait au Carré, à travers l’herbe rouge du pays.

Boris Vian, Herbe rouge

dilluns, 10 de novembre del 2014

Días suspensivos




Recorres las viejas  calles en busca de una respuesta,
una respuesta conocida por todos menos por ti.
Pensamientos que nublan tu cabeza en momentos precisos,
Sobre todo en la mañana,
Cuando la luz te cubre el rostro mientras tu mano se apoya
En una barandilla de metro llena de grasa ajena.
Hay días, y días aparte. Y días seguido, y días suspensivos…
Los días suspensivos son los más jodidos, pero los más útiles,
Normalmente, a la mañana siguiente, amanece un día aparte.
Y la grasa del metro se convierte en barandilla reconfortantemente fría,
o simplemente son tus guantes esta vez, quien arrastran la grasa,
nariz rojiza y sábanas quemadas,
juego de manos en un mundo
inmortal.

Puntos suspensivos.

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