L'herbe rouge du pays

Le vent, tiède et endormi, poussait une brassée de feuilles contre la fenêtre. Wolf, fasciné, guettait le petit coin de jour démasqué périodiquement par le retour en arrière de la branche. Sans motif, il se secoua soudain, appuya ses mains sur le bord de son bureau et se leva. Au passage, il fit grincer la lame grinçante du parquet et ferma la porte silencieusement pour compenser. Il descendit l’escalier, se retrouva dehors et ses pieds prirent contact avec l’allée de briques, bordée d’orties bifides, qui menait au Carré, à travers l’herbe rouge du pays.

Boris Vian, Herbe rouge
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divendres, 29 de maig del 2015

Sarony y las huellas del arte



                       

                                            






                  


Napoleón Sarony nació en 1821 y falleció el 9 de noviembre de 1896. Fue un litógrafo y fotógrafo estadounidense, dedicado a la fotografía de retratos a finales del siglo XIX. Nació en Quebec, pero su familia se trasladó a Nueva York siendo un adolescente. Su padre era litógrafo y él estuvo trabajando como ilustrador para la firma Currier & Ives, después se asoció con Henry B. Major y fundaron la firma Sarony & Mayor en 1846. Sin embargo, en 1856 realizó un viaje a Inglaterra y aprendió fotografía de su hermano Oliver Sarony. A su regreso a Nueva York en 1866, abrió su primer estudio en Broadway. El fotógrafo supo aprovechar la creciente fascinación por el teatro que barrió América años antes del gran desastre. El razonable coste que estableció por sus trabajos- muy numerosos- favoreció la necesidad publicitaria de los actores de la época- tanto como al público, quien adquirió la costumbre de coleccionar los retratos de los artistas.

Sarony fue el primero en pagar por fotografiar a las celebridades de la época, siempre manteniendo el derecho a vender sus fotos con fines de lucro. El enero de 1882, aún sin contar con su obra maestra, un Oscar Wilde de 27 años, con una tragedia y un criticado libro de poesía en el bolsillo, entró en el estudio de Sarony. El dandy eterno, con chaleco de terciopelo y pantalón de seda, consiguió unos retratos que pasarían a la historia. Aficionado a la estereoscopía, sus retratos los obtenía haciendo posar de una forma determinada a sus modelos, este hecho provocó importantes críticas al considerarlos muy artificiosos, pero han pasado a la historia como un modo de “teatralizar” las poses. Muy conocidos fueron los retratos que realizó a la actriz Sara Bernhardt recostada y con la mano rozando el suelo y en otras posturas decididas previamente por Sarony. El fotógrafo pagó a la actriz 1500 dólares para conseguir que posara para él. Estos retratos se han contrapuesto a los realizados por Nadar en los que Bernhardt aparece con gran naturalidad. 

Uno de los retratos que realizó en 1882 a Oscar Wilde, el número 18, fue utilizado en un anuncio sin consentimiento de Sarony por lo que realizó la primera demanda sobre los derechos de autor sobre fotografías en Estados Unidos. La demanda conocida como Burrow-Giles Litographic Co. v. Sarony llegó a la Corte Suprema de los Estados Unidos, quien admitió que su trabajo era “fruto de un trabajo intelectual” y accedió a reconocer su autoría. Dicho veredicto sentó jurisprudencia e hizo historia, al hacer posible que los fotógrafos pudieran cobrar por su trabajo. 

Sarony se consideraba un artista por encima de todo- prefiriendo dibujar con carboncillo y lápiz-. Sin embargo, fueron sus técnicas innovadoras en la aplicación de la iluminación y la organización de los elementos de fondo en los retratos las le que lanzaron a la fama. Vivo en la conversación, se casó por segunda vez con Louies Thomas, la hermana del litógrafo Henry Thomas. La pareja compartía una excentricidad y apariencia estrafalarias. Sarony era bajito, no superaba los cinco pies de alto con las piernas arqueadas. Con una barba espesa recordando a Napoleón III, el fotógrafo gozaba de una ingenuidad y energía asombrosas. Se convirtió en una figura familiar en la parte alta de Broadway, cogido del brazo de su esposa y con un sombrero que le tapaba la calva. Una pareja muy pintoresca.


Fue enterrado en Brooklyn en el cementerio de Green-Wood.



Cuando una vez lo entrevistaron sobre su trabajo, afirmó:



"We photographers have queer experiences. Ours is a most excellent opportunity to study human nature, and making a baby laugh is not the one trick of the calling. In order to take a good photograph one should know something about the sitter's habits and surroundings. This he must learn at a single glance or by an adroit question." (Entrevista de Newark Sunday Advocate, 7 de Enero, 1893, p. 2. Reimpresión de New York Herald.) 



dimecres, 25 de març del 2015

Qué he vivido






Aquí dejo la explicación que dio Marcel Proust sobre "Swann", primer volumen de la obra "En busca del tiempo perdido"; una reflexión sobre la sensibilidad del artista y el origen de los recuerdos internos:


"Para mí, la memoria voluntaria, que es sobre todo una memoria de la inteligencia y de los ojos, sólo nos da del pasado aspectos sin veracidad, pero si un olor, un sabor recuperados en circunstancias muy diferentes, despiertan en nosotros a nuestro pesar el pasado, nos damos cuenta hasta qué punto este pasado era diferente de lo que creíamos recordar, lo que dibujaba nuestra memoria voluntaria, como los pintores malos, con colores sin veracidad. 

En este primer volumen, el narrador, que habla en primera persona (y que no soy yo) recupera de repente años, jardines, seres olvidados en el sabor de un sorbo de té en el que ha mojado un trozo de magdalena; sin duda lo recordaba todo, pero sin color, sin encanto. He podido hacerle decir que, como en el juego japonés en el que sumergimos tenues bolas de papel que, una vez dentro de la taza, se estiran, se retuercen se convierten en flores y personajes, todas las flores de su jardín y los nenúfares del Vivonne, y la buena gente del pueblo, y las casitas, la iglesia y todo Combray y sus alrededores, todo ello toma forma, se vuelve sólido y brota, con la ciudad y los jardines, de la taza de té.

Yo creo que el artista sólo debería pedir a los recuerdos involuntarios la materia prima de su obra. En primer lugar, precisamente porque son involuntarios, se forman solos, atraídos por una semejanza de un instante, tienen un cuño de autenticidad. Además, nos devuelven las cosas en una dosificación exacta de la memoria y del olvido. Finalmente, como nos hacen saborear la misma sensación en circunstancias muy diferentes, la liberan de toda su contingencia, nos devuelven su esencia extratemporal, que es precisamente el contenido de la belleza del estilo, esta verdad universal y necesaria que sólo traduce precisamente la belleza del estilo.

Si me permito razonar así sobre mi libro es porque no es en modo alguno una obra de razonamiento, porque sus menores elementos proceden de mi sensibilidad, porque los he percibido ante todo en el fondo de mí mismo, sin comprenderlos, porque me ha costado tanto esfuerzo convertirlos en algo inteligible como si hubieran sido tan ajenos al mundo de la inteligencia como… ¿cómo expresarlo? Un motivo musical. Me parece que piensan que se traza de sutilezas. ¡Oh, no! ¡Todo lo contrario! Les aseguro que se trata de realidades. Lo que no hemos tenido que aclarar personalmente, porque estaba claro ya (por ejemplo, idea lógicas) no es realmente nuestro, ni siquiera si es real. Son sólo “potencialidades” que elegimos arbitrariamente. Además, sabe usted, es algo que se ve inmediatamente en el estilo. El estilo no es un embellecimiento en modo alguno, como creen algunas personas, ni siquiera es un problema de técnica, es –como el color en los pintores- una cualidad de la visión, una revelación del universo particular que ve cada uno de nosotros y que no ven los demás. El placer que nos procura un artista es el de darnos a conocer un universo más.”



Le Temps, 12 noviembre de 1913